She’s lost control
Llevo
todo el dia escuchando Joy Division. Los conocí por una película a la que me
llevo Andrea en Los Galpones. Son oscuros. Necesito oscuridad. En la oscuridad
me siento a salvo porque nadie puede verme. Puedo acostarme, no voy a recibir
otro estimulo más que los de la piel contra mi cama, la boca seca y el dolor en
el pecho. NADIE PUEDE VERME.
Dormir a oscuras... morir.
Nunca
he podido llevar un diario: soy inconstante, floja y, en realidad, creo que mis
sentimientos valen una mierda como para ser escritos. Constantemente estoy obligándome
a ser disciplinada y no funciona.
Mi
psiquiatra me pidió que escribiera. Siempre me he sentido libre escribiendo
cualquier mierda, pero últimamente no lo he hecho. Si no es una “buena idea” no
la escribo. Además, es mi castigo: no merezco sentirme bien. Estoy hecha de
mierda. ¿Ya soy un cliché depresivo? Hablo de mi psiquiatra y escucho Joy
Division. Profunda. Profunda una mierda.
Inmortal
Anoche
soñé que tenía una banda como la de Joy Division. Éramos seis. Una de las
integrantes se llamaba 69. La publicitamos así: “es capaz de lanzarse de
clavado y girar como en posición fetal en el aire, como en una especie de
voltereta”. Llegó el dia del concierto y la muchacha tenía que demostrarlo. Entonces,
con determinación y esperanza se lanzó de un RASCACIELOS y dio dos vueltas en
el aire, en forma de caracol, girando
con las rodillas pegadas al pecho, adelante y atrás. Dos veces. Luego, el
viento la empujó mientras descendía hacia la ventana de un edificio más bajo.
Obviamente murió. La emoción de los espectadores, y nuestro propio regocijo al probar
que no mentíamos, duró tres segundos. La muchacha quedó aplastada contra la
ventana y su cabeza se abrió. Después del suceso, continuamos con el
itinerario. Nos lamentamos un instante, pero no nos detuvimos. Sabíamos el
riesgo.
Lo
molesto del sueño fue que, aunque mi personaje estaba abajo, segura, en el
suelo, junto al resto, mi alma se trasmutó y fui ella. Desde que se paró,
confiada, dijo algunas palabras y se lanzó del rascacielos. Era yo. Lo sentí.
Las volteretas, el vértigo, la emoción y el impacto. Viví –como en casi todos
mis sueños- mi miedo más grande, pero no morí. Después de aplastarme contra el
edificio, volví a mi verdadero cuerpo y el dolor, miedo, vacio y desespero me
paralizaron un instante. Tuve que continuar. Así funciona.
Soy
tan obvia. Esto representa mi enorme defecto: me duelen los padecimientos
ajenos. Alguien sufre y yo me encargo de llorar. Tomo el dolor y me lo inyecto.
PORQUE ALGUIEN DEBE PAGAR Y A LOS DEMÁS NO PARECE IMPORTARLES. Sin embargo,
irónicamente, nunca hago nada por ellos. Me paralizo en una esquina oscura a
cortarme los brazos y deprimirme. No puedo ser feliz cuando alguien sufre. Mi
mama dice que la vida es injusta.
Si
la vida hace sufrir a quienes no lo merecen y yo no puedo ser feliz mientras los
demás sufren, significa que: NUNCA VOY A SER FELIZ MIENTRAS VIVA.
Gracias
No
me gusta agradecer por lo que tengo. Gracias por tener buena salud. Gracias por
una casa. Gracias por una familia. Gracias por mi novio. Gracias porque mis dos
padres están vivos y juntos.
No botes la comida que
hay niños que no tienen.
Oh, vida,
gracias por hacerme menos miserable que a los demás. Gracias por dale a ellos
el dolor que podría tener yo.
GRACIAS
POR LA GENTE QUE SUFRE… GRACIAS: mientras no sea yo.
Humana
También
soy egoísta, injusta, agresiva, pasiva e idiota. Pero “soy humana” y puedo ser
imperfecta.
No
puedo, NO PUEDO, perdonarme por ser todas las cosas que aborrezco del maldito
mundo. Duele. Duele tener que ver tanto dolor y que no pueda gritar, porque
cuando grito me mandan al psiquiatra o intentan forzarme a ver una VIDA BELLA
que al parecer todos conocen. Los odio.
Odio
el odio. Soy un desastre y no voy a poder cambiar el mundo; ni siquiera a mí.
Me quiero morir. Me quiero ir a Paris y que Venezuela se hunda, porque
Venezuela me lastima todos los días con su doble moral, su conformismo, su
egoísmo, su maldad, su agresividad, su barbarie, su apatía. ¿Lo peor? Probablemente,
en el resto del mundo son así. Nunca seré libre. Estoy atrapada. Al menos Paris
es una cárcel más bonita.
Cárcel
Estoy
en una cárcel sin la autoridad visible. Donde la primera regla es SER FELIZ. Donde todos dicen SER FELICES, incluso cuando todos los
días veo gente miserable. Donde me hacen parecer desubicada porque nadie, ni
siquiera susurrándolo, me ha dicho “tienes razón, esta es una cárcel. La cárcel
del dolor”. Sus rejas están hechas de OXIGENO, ALIMENTO y AGUA. Nadie puede escapar. Jamás.
No
decides cuando naces y te hacen saber que es malo decidir cuándo morir.
Siempre
me he preguntado porque los presos no se suicidan. Están en una cárcel dentro
de una cárcel.
Digo
cárcel y pienso en mi casa.
Traki
Voy
a citar una frase de Franco que me fascina:
“Eso
es lo dañino de ver tantas cosas malas, cuando ves algo regular lo tomas como
grandioso. Como en Traki, hay tanta ropa fea que cuando ves algo medio decente
te parece hermoso.”
Eso
es lo que pienso de la vida.
Chanel
¿Por
qué me gustan los animales? Aunque este ejemplo aplique con las mascotas en
general, lo acercaré a Chanel:
Chanel
me ama. No me pregunta porque lloro, se acerca y me da amor. Me escucha. No me
juzga. No se mete en mis decisiones. No trata de aconsejarme. Solo me ama.
Siempre se alegra al verme. Me es fiel. Me defiende. Me perdona.
Por
eso me gusta tanto el sexo: solo nos dedicamos a obtener placer, nos sentimos hermosos,
somos libre, estamos desnudo, no tenemos que hablar. Es parecido a dormir. Esperaré.
Me
quiero morir.