Amiga
¡Qué cara tienes amiga! ¿No has dormido nada? Si, se nota mucho jaja. Sí, yo también ando estresada. No vale, lo de la universidad lo entregué todo en diciembre, es otra cosa. Eso mismo. Bueno tú sabes por qué, tú lo conoces… Sí, estoy saliendo con otro muchacho ¡Más bello por cierto! Pero no, no fue por él. Tú sabes por qué vale, tú lo conoces… Espérame aquí.
Te traje una Coca Cola. De nada. ¿Tú ya no fumas cierto? ¡Qué bueno! No, no, el sigue fumando. Allá él. Sí, bueno nos hemos visto un par de veces, lo conocí hace unas semanas. Me lo presentó mi hermana. Es político, de lanzar piedras el 11 de abril. Si, perfecto, lo malo es que no es cariñoso… ¡Hola! ¡Feliz año! ¿Ya llegó la profesora? Vale, ya voy.
¿Qué te estaba diciendo? Aja. Bueno chama, es que ya no puedo vivir para él. Si bueno, nos hemos visto varias veces, tú sabes que no lo puedo dejar solo. Coño, pero imagínate, yo he logrado que se vuelva a encarrilar, si me alejo de él va volver a su vida destructiva. Tienes razón, me comporto como su mamá. Por cierto, a su mamá ayer le dio un ataque epiléptico. Temblaba horrible. Es que con el peo de Chávez no se consiguen las pastillas que ella necesita. Él estaba en la Guaira y la hermana en la universidad, tuve que ir yo a atenderla. Es un desconsiderado, fíjate que llegó en la noche, y no solo tardísimo, si no que llegó reganándome por haber ido.
Ok, pero escúchame un minuto. Escúchame un minuto, amiga. ¡No vale no digas eso! Él no es así… ¿Sabes cuál es su problema? Que no sabe manejar las situaciones. Como cuando se murió mi tía. Él la quería mucho, eso me consta, pero cuando le pedí que me acompañara, le entró el pánico y se fue para la playa con unos amigos. Puede ser, pero no es por egoísta, amiga, tú no lo conoces… No me grites, que voy a llorar. Gracias. Gracias. Está súper bonito este pañuelo ¿Lo compraste en Disney?
Bueno, ¿Y cómo te fue por allá? No, no te estoy cambiando el tema. Quizás tengas razón. Me acuerdo cuando le pedí que me llevara a un concurso súper importante en el que estaba. Ah, si yo te había contado. ¿Sabes lo que hizo? Estuvo todo el dia conmigo en mi casa y media hora antes del evento dijo que se tenía que ir, que no me podía llevar, que tenía un trabajo pendiente para mañana. Tuve que salir de mi casa a las nueve de la noche, vestida como una barbie, e irme en metro. Al rato me enteré que había un Caracas-Magallanes. Él me dijo que no quiso acompañarme porque le daba celos que otros me vieran modelar. Ay amiga, no se que pensar…
Es verdad, eso es lo que necesito. Aunque, bueno, estar con este otro muchacho es como estar sola. Es que él está muy ocupado ¿Te dije que era político? No amiga, es que soltera no puedo estar. Yo creo que necesito tener un hombre a mi lado para ser feliz.
viernes, 14 de enero de 2011
jueves, 25 de noviembre de 2010
Sopa de gallina
Avakiano, toma:
El recuerdo más perturbador de mi infancia es el momento en el que mi madre me enseñó la receta de la sopa de gallina. Ese día me levanté mucho más temprano que de costumbre, sin hacer ningún ruido porque mi hermano seguía durmiendo. Los gallos habían cantado y en el hato la gente ya estaba trabajando. Mi mamá era cocinera y mi papá arreaba el ganado. Vivíamos los cuatro en un pequeño anexo dentro de las instalaciones. Como dije, me levanté y me dirigí hacia la casa principal, buscando a mamá. Al llegar, me detuve en la puerta.
La vi flexionada, intentando atrapar a una gallina que revoloteaba por la cocina. Ver a mamá correteando detrás de un animal mucho más pequeño que ella me causó bastante gracia, comencé a reír. Por fin la atrapó. En cuestión de segundos, la colocó entre sus piernas y tomó el cuello del animal con ambas manos. Lo retorció de un movimiento apresurado y le arrancó la cabeza. Permanecí inmóvil en el marco de la puerta y comencé a llorar desesperadamente. Mi mamá colocó al animal en el fregadero y empezó a llenar un tobo de agua caliente. Viendo cómo aún se movía, intenté rescatarlo. Al verme, ella me detuvo: “Ya está muerto”, me dijo.
Anonadada, me senté en una esquina mientras secaba mis ojos con ambas manos. Cuando pensé que todo había culminado, mi mamá volvió a tomar el cuerpo del animal y lo sumergió dentro del tobo de agua. Permanecí de nuevo inmóvil. Ella encendió el radio, comenzó a cantar mientras limpiaba la sangre que habia salpicado en el mesón. Yo veía el humo que salía del tobo y continuaba sollozando. Después de algunos minutos, tomó el cadáver y lo guindó de las vigas del techo, con un pequeño mecate que lo sostenía por las patas. Me sentía confundida, ¿Por qué le había hecho eso a la gallina? ¿Tanto le había molestado que hubiera entrado en su cocina?
La música sonaba más fuerte. Mi mamá comenzó a despellejar al animal. Yo bajé la mirada y observé cómo las plumas escurridas caían a sus pies. Se detuvo. De nuevo, parecía que todo había terminado. Pero antes de poder afirmarlo, ella tomó un cuchillo y despedazó el cuerpo del animal. Chorros de sangre y pedazos de piel se acumulaban en el mesón de la cocina. Yo seguía confundida. No podía moverme, no podía pararme de aquella esquina sin recibir alguna explicación.
Mi madre volteó hacia a mí y me observó sentada temblorosa, con las rodillas en mi pecho, bordeadas por mis brazos. Soltó el cuchillo, se limpió las manos en el delantal y se acercó. Tenía miedo, pensé que también se había molestado conmigo por haber entrado a su cocina. Ella simplemente se acercó, tomó mis manos y me dijo: “Cuando seas grande, también haras la mejor sopa de gallina de todas”.

jueves, 4 de noviembre de 2010
Desesperación
Escena uno: La propuesta
La protagonista entra arrastrándose por el suelo y pronuncia su única línea:
La protagonista entra arrastrándose por el suelo y pronuncia su única línea:
¡LL(AMAME)!
Escena dos: Flashback
Voces dispersas susurran: "Ayer te quedaste conmigo a pesar de que morías de sueño…Esas son las cosas que me gustan de ti".
Escena tres: El silencio de Pablo Neruda
"He aquí que el silencio fue integrado
por el total de la palabra humana,
y no hablar es morir entre los seres:
se hace lenguaje hasta la cabellera,
habla la boca sin mover los labios,
los ojos de repente son palabras...
...Yo tomo la palabra y la recorro
como si fuera sólo forma humana,
me embelesan sus líneas
y navego en cada resonancia del idioma..."
Escena cuatro: Monologo final
"Bienaventurados aquellos que no esperan nada, porque nunca serán defraudados".
FIN.
lunes, 25 de octubre de 2010
La casa de la modelo
Hice éste breve relato en mi clase de Taller de Redacción I porque tenía que crear una historia donde los objetos fuesen capaces de hablar por sí mismos. Es una propuesta tan interesante y fantástica como el cuento de Mario Benedetti en el cual nos inspiramos: “Para objetos solamente”. Léanlo.
Gracias, Dios Benedetti.
Había, al menos, 25 gorros de ducha sin utilizar, guardados en un recipiente plástico sobre el lado derecho del lavamanos. También, un peine negro fino, un peine de madera, un cepillo grande, un cepillo de rosca, un cepillo de hebras finas y uno de hebras más gruesas, atados juntos con un cordón. Si se revisara la primera gaveta, se encontraría un tubo de crema a base de queratina, tres cajas de ampollas contra la alopecia y un tratamiento de cuidados intensivos para el cabello. En la siguiente, una plancha con placas de cerámica tamaño regular, un secador viajero, un secador profesional y una plancha tan diminuta como para llevarla en la cartera, todos con los cables enrollados como si tuvieran mucho tiempo sin usarse. Del lado izquierdo del lavamanos, estaba un cepillo de dientes y un envase lleno de pinzas plateadas con una crema de peinar encima.
En el espejo que estaba sobre el mesón, se reflejaba un calendario con los primeros tres días del mes de octubre tachados y la palabra “LISTO” escrita en el recuadro del día 31. Debajo del almanaque, el cesto de ropa sucia integrado únicamente por pijamas, ropa interior y toallas con manchas de vomito. A su lado, una bañera con centenares de cabellos amontonados en el desagüe y un champú y acondicionador casi llenos. Después, la poceta, sucia, manchada y atascada con una mezcla de excremento, sangre y vomito. Había una papelera entre el lavamanos y la poceta. Contenía pedazos de papel higiénico usado y bolas de cabello negro. El piso del baño tenía pequeños charcos de agua negra, como barro, y chiripas que se reparten entre suelo, techo y paredes.
Al abrir la puerta, se apreciaba un pasillo que conecta al baño con la habitación principal. Un cuarto de paredes blancas cubiertas por afiches de modelos y un gran espejo frente a la cama. A uno de los lados se la cama, se encontraba un enorme closet abierto atiborrado de ropa, zapatos y accesorios. Al otro lado, un mueble marrón de cinco gavetas. Sobre este, fotos enmarcadas de una muchacha cabello negro, largo y sedoso posando en la playa, en la pasarela y en muchos otros paisajes. Junto a él, un escritorio de madera con una lámpara encendida alumbrando hacia varias hojas. Eran cuatro hojas puestas una sobre otra, en la primera se podía leer: “Especificaciones del tratamiento quimioterapéutico”.
jueves, 21 de octubre de 2010
¿Qué habrá sido de mi mamá?
-¡Vecino! tenemos una vecina nueva, vamos a darle la bienvenida- dijo la señora Catalina mientras yo colocaba una nueva alfombra frente mi puerta.
No respondí. Mi vecina continuó hablando, así que lancé la alfombra al suelo y entré a mi apartamento dando un portazo. Afuera se oían sus maldiciones. No me importan. Me senté en el sofá frente al balcón, encendí un cigarrillo y contemplé desde la ventana a mi vecina nueva. Por supuesto que la conocía, era mi hermana.
Hace años, muchos, que las había dejado solas. La última noche que las vi, encontré a mi madre tirada en el mueble, maloliente, borracha y desaliñada con un hombre maduro manoseándole la entrepierna. Provocó tanta repulsión en mí, que la escupí en la cara y la maldije llorando. Me marché sin cerrar la puerta y cuando tuve el valor de voltear, vi a mi hermana, enmudecida mirándome. La recuerdo pequeñita, frágil y sumamente delgada, casi desnutrida, con el cabello enredado y con golpes en la cara. Por un momento estuve tentado de llevarla conmigo y alejarla de ese mundo de prostitución que le esperaba. Obviamente no lo hice, y todavía me arrepiento de ello.
Habían pasado algunas horas y yo seguía mirándola. Ahora estaba sentada en el piso, desempacando platos, vasos y cubiertos y colocándolos en un estante marrón. Podía ver todo lo que hacía, hasta podía leer sus labios mientras cantaba. Pude observar que su puerta principal estaba abierta y me dispuse a bajar. El ascensor no funcionaba, tuve que descender por las escaleras. Cada escalón me creaba una nueva expectativa: ¿Qué estaría haciendo? ¿Se habrá graduado? Para vivir aquí hay que tener plata, mucha, pensé. También deduje que no estaba casada porque no he visto a ningún hombre con ella ¿La mantendría algún mafioso? ¿Me reconocerá? ¿Qué habrá sido de mi mamá?
Cuando llegué me detuve frente al arco de la puerta. Se encontraba de espalda a mí, todavía ordenando algunas cosas. No hice ningún ruido y decidí esperar a que volteara. Permanecí inmóvil, con el corazón acelerado y sin poder controlar el temblor de mis rodillas. Se levantó por fin, cerró las cortinas de la ventana y se dirigió hacia la puerta. Me vio. Nos miramos por al menos 10 segundos fijamente. Luego, se acercó a mí y me habló:
-¿En qué puedo ayudarte?
-¿Sabes quién soy?
-No, disculpa.
-Soy tu vecino del edificio del frente, mucho gusto.
miércoles, 20 de octubre de 2010
venticuatrodeagostodedosmildiez
Esto tiene fecha de 24/08/10 y creo que no hacen falta más explicaciones. Lo acabó de encontrar en la memoria de mi computadora... y me gustó.
Nunca pensé que llegaría a esconderme para escribir. Amo escribir en un teclado. Mi depresión, poco a poco, está mejorando. Estoy sanando tranquilita, sin apuros, porque no tengo nada más que hacer. Abandoné (momentáneamente) el internet, el celular y el amor. He visto Volver como 6 veces, adoro a Penélope Cruz y esta película. También Glee.
Escondida también, me metí en mi blog: 150 visitas. Eso es como… 3 vistas más desde que me fui. Mi último cuento, Catarsis, no tuvo éxito (y no es que los otros sí, pero yo me entiendo) Le escribí algo bonito a Paya. Hace unas horas me dijo que mis cuentos “no le parecieron la gran vaina”. Coño.
Que bien me siento escribiendo
Estoy viendo (televisor prendido en mute) una película mala y vieja, donde aparece Kate Hudson. Pensé que me iba a gustar, pero es basura. La música me gusta. Es de un chamito de 15 años – ¡AY! ¡Me picó un bachaco!- Perdí la noción de la vaina.
Cada vez que me pasa algo que me revela lo cliché que soy, escucho la voz de Andrea diciendo: “predecible, predecible” en un tono que no es el de ella, pero es bastante molesto. No, no quiero hablar/escribir sobre mi depresión. Mañana voy al internista. Debo ser anémica, tener baja las plaquetas o algo, porque que esta debilidad es una ladilla. Por cierto, he estado (a excepción de los días fatales) comiendo mucho mejor. Urra por esta mami rica.
Volví a echarle un vistazo a uno de mis libros de autoayuda favoritos, uno que mi mama me regalo hace dos años (Sé que odian los libros de autoayuda y no me importa).
Odio no tener ñ en este teclado.
No me acordaba lo de pinga y poco pretencioso que es ese libro. La sencillez funciona, a veces no… Me acordé de Marelisa Gibson. Ella… no, no es simple, ni humilde. No sé porque la gente se sorprendió cuando no clasifico entre las 15 finalistas, la caraja no es tan bonita (e iba sobradísima) y, hablando claro, tenemos 2 coronas consecutivas… Pero, ¿Quién soy yo para criticarla? Hoy la bomba se la comió viva (Guilty pleassure)
Antes dije que era cliché, porque volví a leerme un libro que me encanta: Unisex. Carlos Flores. De la, PUTA COLECCIÓN QUE NO CONSIGO NI EN LA CHINA, de Leonardo Padrón: Llámalo amor, si quieres. Yo soy Carlitos, el gordito inconforme con baja autoestima, pero interesante, con bastante labia y creatividad, su amiga Adriana que se define como “la puta-bisexual-periquera”, su (ni tan) tonta novia Mónica y la leona. Jamás soy sus amigos Pipo y el otro de nombre extraño, ni las chamitas del CSI, ni la loca del blog que le dijo gordo, ni el amigo maricocloset, ni la puta triste, ni la de ratónmoral que sale al principio ni, mucho menos, la lindura de Kerly.
Yo pensaba que era única (como todos los demás, jaja) pero soy más cliché que corrupto en gobierno. Soy tan ese libro en algunos aspectos que no sé si me gusta identificarme con él o me desespera hacerlo. Escribir todo esto es medio spoiler (Andreatalking) pero…
También le metí (le meto) a la filosofía. A mi (nuestro) amado Savater. Las preguntas de la vida, o las respuestas más obvias del mundo pero que nadie obtiene porque no se detiene a pensar. Este tipo me gusta y adoro cuando se refiere a mí (o a ti) como “querido lector”. También me encanta la practicidad con la que escribió los textos para Amador. Es un cerebrito bañado en miel. Eso es.
Una vaina rara de estos (interminables) días de crisis, es que la Coca Cola me sabe simple y el Nestea me sabe a gloria. Esto me duele porque extraño como la Coca Cola me hacía sentir. Ni siquiera el Nestea, tan delicioso, acido y frio, me hace sentir como la Coca Cola lo hacía. El Nestea siempre fue mi resuelve, pero nunca mi legal. Jamás. Amo tanto a la Coca Cola, que recuerdo una vez que vi una camisa, arrechísima, de una publicidad cincuentera de Pepsicola y no me la compré porque lo sentí como traición. Era bien bonita y escotada y no me arrepiento.
Hoy payita y yo fuimos al psiquiátrico. Triste. El seguro social, como casi toda vaina aquí, está en terribles condiciones. No hay medicamentos suficientes, ni aire acondicionado y todos los pasillos huelen a orine, y que yo sepa, el único lugar que debe oler a orine es un estadio. Así que, Chávez, corruptos y otros implicados: ¡Respeten!
Mierda, llevo que si dos horas escribiendo (con dolor de cabeza, ya voy a parar mamá) y todavía la película sigue… Ni el Paciente Ingles. Acabo de prender mi celular, y (JAJAJA) no tengo ni un mensaje ¿Así de nula? #Buldae’gafa. Ese sería el hashtag que utilizaría en Twitter. Lo extraño. Por ejemplo, lo utilizaría para contar como mi torpeza y descuido habitual me hicieron guardar, hace unos días, un chocolate derretido y… bueno fue así:
Abro la nevera…
¡Woho! Chocolate rico rico rico. Veré Betty la fea comiendo chocolatito con el dedo.
Camino, camino, camino… Me acuesto, me arropo…. Suspiro… Abro el frasco y huele horrible. Leo en la tapa “TODO AJO”. Me llevo la tapa a la nariz y aspiro… vuelvo a aspirar… Suelto la tapa. Tomo el pote, introduzco mi dedo índice y lo chupo con miedo…
¡Coño de la madre, esto sabe a puro ajo!
Tuve que botar el Chocolate entero (Y el perol también, ¡PA QUE SEA SERIO!) Conclusión: Quise tuitear lo que me paso y no pude.
Le estoy mandando un mensaje a Andreita. Cierto, se le cayó el BB a la poceta y esta incomunicada. Hoy escuché el nuevo CD de Caramelos de Cianuro y, de panita y todo, no me gustó. Prefiero recordar la voz de Asier gritando ninfomaníaca y explicando que pasa cuando cuenta una a una las estrellas. No las oiré más, no innovo en lo absoluto. Sanitarios, el ultimo Polvo, las Estrellas, Ninfomaníaca: Eso si es pasión. Para compensar, escuché todo el dia a Miguel Bose. Lo amo.
Qué alivio poder escribir de nuevo. He tenido ideas para cuentos… pero los postergare. Capaz empiece un diario virtual. Capaz lo publique. Capaz publique esto. A dormir.
MARIELISA
martes, 14 de septiembre de 2010
Trascendental
Hace tanto tiempo… depende de cómo se mida. El tiempo se siente, no se cuenta.
Para Maryene, mi madre:
Eres mío. Eres mío y lo sabes. Eres mío y lo niegas. Pero no te equivoques, allí estoy yo, vigilante. No has tenido la necesidad de mirar hacia atrás porque cada vez que te caes te sostengo, evitando tu descenso. Mirando tu manera de actuar, mirando tu vida como si hubiera colocado una cámara sobre tu hombro.
Observo cuando te arrepientes y quieres volver. Tú también lo haces. Me miras con tus diminutos ojos y, sin hablar, me preguntas si vale la pena. Siempre te respondo, aunque ambos sepamos la respuesta. Debo seguirte para que no te vayas. Te sigo porque quiero sentirte respirar, y no me permites caminar a tu lado, aunque digas lo contrario.
Igual eres mío. Siempre lo serás. No son palabras ególatras, eres mío porque no puedo borrarte de mis psiquis, no puedo dejar de soñarte. Eres mío porque yo quiero, porque en mis sueños me lo recitas… y yo vivo de ellos. Eres mito. Eres el mito del amor imposible. Eres la personificación de mi remordimiento, eres el recuerdo de lo que perdimos, eres el destino cobrándome mis deudas. Eres mío, porque todo esto que te digo, lo cree yo, no tú. Eres mío.
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