martes, 13 de julio de 2010

Memorias

Mi primera publicación en una revista (aunque no vaya a tener ningun tiraje)
Va dedicada a su editor:

-“Dale, dale, dale a la piñata, túmbala pal suelo, queremos caramelos” Debajo de la mesa podía escuchar a mi familia y al resto de los invitados entonar la cancioncita. También escuchaba el palo de escoba estrellándose contra la piñata. Vi los piecitos de mi hermana correr de un lado al otro y a mi papá buscándome por el parque. Las manos me temblaban y allí calladito, comencé a llorar.



Martin calló por un instante. Comenzó a morderse las uñas con desespero. Uno de sus dedos sangró. Ángela se inclino y le ofreció un pañuelo de una cajita de cartón, él la tomó y se cubrió el dedo. Mientras lo masajeaba suavemente continuó hablando:


-Fue en octubre del 72. Yo tenía 7 años, y ni imaginaba que el sexo existía. Yo pensaba que uno de chiquito escogía a una niña, se hacia su novio, se casaban y ya, así de simple – Suspiró y miro a Ángela- ¿Cuánto tiempo nos queda doctora?


-No te preocupes, queda suficiente. Debo decirte que has progresado mucho.


Martin sonrió. Le brindo una sonrisa suave, triste, sincera, tratando expresar gratitud. Retiró el papel de su dedo y succionó la sangre que quedaba, después continuó relatando:


-Yo lo escuchaba gritar mi nombre “Martin, hijo, Martin”, pero no me atreví a salir. Tenía miedo de que le contara a mi mamá, tenía miedo de que me castigara ¡Dios, que estúpido fui!- Martin rompió en llanto.

-Debes tener en cuenta que tu reacción fue normal, las víctimas de abuso sexual suelen sentirse culpables, sienten que ellos mismos…

-¡YO SE QUE NO FUE MI CULPA! – Gritó Martin- Por eso es que cuando cumplí 19…

-Continua, vas muy bien- Pronunció la doctora inclinándose hacia él.


-Me escondí en su habitación, en el armario, a esperar que llegara del trabajo. Mi mamá estaba de viaje, en San Cristobal y mi hermana no había llegado de una fiesta. Esperé que entrara, que encendiera la televisión a todo volumen, y cuando lo vi de espaldas deshaciendo su corbata lo golpeé. Lo golpeé durísimo, con un bate que guardaba en el closet. Lo golpeé repetidas veces. Después, huí del pueblo y me vine a Caracas- Martin succiono su dedo fuertemente por varios segundos y sonrió alegremente- No lo maté, pero me enteré que había quedado destruido, en silla de ruedas y ciego.


Martin continuó mordisqueando sus dedos y la doctora comenzó a escribir un sinfín de palabras en su cuaderno. Minutos más tarde, una alarma estruendosa acabó con el silencio de la sala. El reloj de la mesa señaló que habían culminado los 45 minutos de terapia.


-Nos vemos la próxima semana, Martin- dijo Ángela mientras apagaba el reloj y cerraba su cuaderno de trabajo.

2 comentarios:

  1. Adoro todo personaje disfuncional o afectado en la vida, así que por ende, me gustó Martín. (de manera no-sexual, aclaro) XD.

    Aunque, me hubiese gustado saber que edad tiene Martín para el momento de relato, siento que me falta para situarlo bien.

    Tus historias son tan variadas! Me gustan :)

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  2. Si yo fuera Martín, también le hubiera pegado.

    ¡Ah! y no le pares a Mariela, se enamora de todos los personajes masculinos de cualquier historia (y más si son asociales o algo peor).

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