viernes, 22 de junio de 2012


Hoy fue el peor dia de mi vida. O las peores horas.

Que estúpido es el titulo de mi blog. No lo cambiaré. Es una gran ironía: La vida es lo mejor que se ha inventado: JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA.

Mi mama habla muy duro con alguien por teléfono. Del mundial en 2014. Que si la Vinotinto que si el país. Yo espero estar muerta para 2014.

Hablan del novio de Rosangela que intentó suicidarse con un pote de Baigon. Se ríen. Yo solo quiero abrazarlo.

Hoy tuve miedo. Loca, que ladilla, me terminé de volver loca durante mis exámenes finales de la universidad. Mis huesos se convirtieron en plomo y las venas latían por el cambio. Me ajustaron un corsé en el pecho y yo solo pienso que es hora de dar el siguiente paso: internarme. Como Lisbeth Salander y Esther.

            El miércoles mi psiquiatra me dijo que podíamos empezar a bajar la dosis del antidepresivo. Que estaba lista. Que estaba manejando mejor mis –estúpidos- problemas. Que había mejorado mucho. Que había pasado más de un año. Que felicitaciones.

            Pero cada vez que mejoro y empezamos el proceso de dejar el tratamiento… tengo una recaída. No estoy segura si esta es una. Quizá soy farmacodependiente, quizá soy cobarde y mi cuerpo actúa acompasado con mi cobardía.

            Mi mamá habla por teléfono y grita. Habla con mi familia: la gente que se rió de mi estado depresivo y me llamo bipolar. Que me llamó amargada por encerrarme en el carro a llorar. Que se tomó como ofensa mi mala cara. Que le dijo a mi novio que volviera cuando quiera, pero que me dejara a mí en Caracas. Todo cuando suponían que yo no escuchaba. Mañana viene mi abuela, una de las voceras principales. La mayor representante de oposición contra mi “bipolaridad”.

En estos días escuché a mi madre decir algo como: para ser una bloguera exitosa, no debo autocensurarme; lo leí en internet. A mí me castigó y regañó incontables veces por escribir cosas como que a una tipa le metían los dedos. Hasta me dijo que esperara a cumplir dieciocho  años. Que como le hacía esto a ella. Qué vergüenza. Que bolas.

Hoy sentí que me desvanecía. No supe explicarlo porque nunca me había desvanecido. Me acosté en la oscuridad. Soñé que un zancudo gigante me tenía encadenada y cada día me succionaba medio litro de sangre. Hoy estaba arrecho y me succionó dos. Me moría. Me desvanecía. Todavía se siente así.

Todos están aburridos de mí. Los que no es porque no me han soportado lo suficiente. “Que ladilla, se siente mal otra vez”, piensan. Y como la vida es una mierda, yo me siento mal y además tengo que soportar la mirada de quelladillasesientemalotravez. Pero los entiendo. Yo también estoy aburrida de estar deprimida.

Los personajes de ficción son mis mejores amigos. En mi mente no hay una separación entre ellos y mi círculo social. A veces, me atrevería a decir que los quiero más.

Ellos no me conocen. No existo. Puedo ver sus vidas. No los ladillo. No saben que estoy deprimida. No me dan la mirada.

Con ellos puedo ser lo que siempre he querido ser: INVISIBLE.

jueves, 10 de mayo de 2012


She’s lost control

Llevo todo el dia escuchando Joy Division. Los conocí por una película a la que me llevo Andrea en Los Galpones. Son oscuros. Necesito oscuridad. En la oscuridad me siento a salvo porque nadie puede verme. Puedo acostarme, no voy a recibir otro estimulo más que los de la piel contra mi cama, la boca seca y el dolor en el pecho. NADIE PUEDE VERME. 

Dormir a oscuras... morir.

Nunca he podido llevar un diario: soy inconstante, floja y, en realidad, creo que mis sentimientos valen una mierda como para ser escritos. Constantemente estoy obligándome a ser disciplinada y no funciona.

Mi psiquiatra me pidió que escribiera. Siempre me he sentido libre escribiendo cualquier mierda, pero últimamente no lo he hecho. Si no es una “buena idea” no la escribo. Además, es mi castigo: no merezco sentirme bien. Estoy hecha de mierda. ¿Ya soy un cliché depresivo? Hablo de mi psiquiatra y escucho Joy Division. Profunda. Profunda una mierda.

Inmortal

Anoche soñé que tenía una banda como la de Joy Division. Éramos seis. Una de las integrantes se llamaba 69. La publicitamos así: “es capaz de lanzarse de clavado y girar como en posición fetal en el aire, como en una especie de voltereta”. Llegó el dia del concierto y la muchacha tenía que demostrarlo. Entonces, con determinación y esperanza se lanzó de un RASCACIELOS y dio dos vueltas en el aire, en forma de  caracol, girando con las rodillas pegadas al pecho, adelante y atrás. Dos veces. Luego, el viento la empujó mientras descendía hacia la ventana de un edificio más bajo. Obviamente murió. La emoción de los espectadores, y nuestro propio regocijo al probar que no mentíamos, duró tres segundos. La muchacha quedó aplastada contra la ventana y su cabeza se abrió. Después del suceso, continuamos con el itinerario. Nos lamentamos un instante, pero no nos detuvimos. Sabíamos el riesgo.

Lo molesto del sueño fue que, aunque mi personaje estaba abajo, segura, en el suelo, junto al resto, mi alma se trasmutó y fui ella. Desde que se paró, confiada, dijo algunas palabras y se lanzó del rascacielos. Era yo. Lo sentí. Las volteretas, el vértigo, la emoción y el impacto. Viví –como en casi todos mis sueños- mi miedo más grande, pero no morí. Después de aplastarme contra el edificio, volví a mi verdadero cuerpo y el dolor, miedo, vacio y desespero me paralizaron un instante. Tuve que continuar. Así funciona.

Soy tan obvia. Esto representa mi enorme defecto: me duelen los padecimientos ajenos. Alguien sufre y yo me encargo de llorar. Tomo el dolor y me lo inyecto. PORQUE ALGUIEN DEBE PAGAR Y A LOS DEMÁS NO PARECE IMPORTARLES. Sin embargo, irónicamente, nunca hago nada por ellos. Me paralizo en una esquina oscura a cortarme los brazos y deprimirme. No puedo ser feliz cuando alguien sufre. Mi mama dice que la vida es injusta.

Si la vida hace sufrir a quienes no lo merecen y yo no puedo ser feliz mientras los demás sufren, significa que: NUNCA VOY A SER FELIZ MIENTRAS VIVA.

Gracias

No me gusta agradecer por lo que tengo. Gracias por tener buena salud. Gracias por una casa. Gracias por una familia. Gracias por mi novio. Gracias porque mis dos padres están vivos y juntos.

No botes la comida que hay niños que no tienen.

Oh, vida, gracias por hacerme menos miserable que a los demás. Gracias por dale a ellos el dolor que podría tener yo.

GRACIAS POR LA GENTE QUE SUFRE… GRACIAS: mientras no sea yo.

Humana

También soy egoísta, injusta, agresiva, pasiva e idiota. Pero “soy humana” y puedo ser imperfecta.
No puedo, NO PUEDO, perdonarme por ser todas las cosas que aborrezco del maldito mundo. Duele. Duele tener que ver tanto dolor y que no pueda gritar, porque cuando grito me mandan al psiquiatra o intentan forzarme a ver una VIDA BELLA que al parecer todos conocen. Los odio.

Odio el odio. Soy un desastre y no voy a poder cambiar el mundo; ni siquiera a mí. Me quiero morir. Me quiero ir a Paris y que Venezuela se hunda, porque Venezuela me lastima todos los días con su doble moral, su conformismo, su egoísmo, su maldad, su agresividad, su barbarie, su apatía. ¿Lo peor? Probablemente, en el resto del mundo son así. Nunca seré libre. Estoy atrapada. Al menos Paris es una cárcel más bonita.

Cárcel

Estoy en una cárcel sin la autoridad visible. Donde la primera regla es SER FELIZ. Donde todos dicen SER FELICES, incluso cuando todos los días veo gente miserable. Donde me hacen parecer desubicada porque nadie, ni siquiera susurrándolo, me ha dicho “tienes razón, esta es una cárcel. La cárcel del dolor”. Sus rejas están hechas de OXIGENO, ALIMENTO  y AGUA. Nadie puede escapar. Jamás.

No decides cuando naces y te hacen saber que es malo decidir cuándo morir.

Siempre me he preguntado porque los presos no se suicidan. Están en una cárcel dentro de una cárcel.

Digo cárcel y pienso en mi casa. 

Traki

Voy a citar una frase de Franco que me fascina:

“Eso es lo dañino de ver tantas cosas malas, cuando ves algo regular lo tomas como grandioso. Como en Traki, hay tanta ropa fea que cuando ves algo medio decente te parece hermoso.”

Eso es lo que pienso de la vida.

Chanel

¿Por qué me gustan los animales? Aunque este ejemplo aplique con las mascotas en general, lo acercaré a Chanel:

Chanel me ama. No me pregunta porque lloro, se acerca y me da amor. Me escucha. No me juzga. No se mete en mis decisiones. No trata de aconsejarme. Solo me ama. Siempre se alegra al verme. Me es fiel. Me defiende. Me perdona.

Por eso me gusta tanto el sexo: solo nos dedicamos a obtener placer, nos sentimos hermosos, somos libre, estamos desnudo, no tenemos que hablar. Es parecido a dormir. Esperaré.

Me quiero morir.

lunes, 2 de abril de 2012

La rama seca


Está cansada. Tiene permanentes ganas de vomitar; el pecho y las mandíbulas oprimidas; el cuerpo pesado: peso muerto. La depresión le succionó la frescura y la elasticidad, y la convirtió en una rama seca: Corroída. Agrietada. Dura. Rancia. Ocre. Casi muerta. Un estorbo.

“Ay, ¿Pero por qué una niña tan bonita quiere morir?” Recuerda.

“¿Por qué le dan una niña tan bonita tanto dolor por cargar?” Refuta.

Suicidarse es una tarea sencilla. Siempre ha considerado que el ser humano tiene tantas y tan tontas maneras de morir… el que algunas personas vivan más de ochenta años es un hecho fantástico.

“La garganta es sencilla –continua- si la aprisionas mucho, mueres. Si la cortas, mueres. Si la obstruyes, mueres. Si la separas de tu cuerpo, mueres. Si le disparas a través de la boca, es inmediato. Si le añades una gran cantidad de antidepresivos y ansiolíticos al mismo tiempo, con varios tragos de agua…”

Considera que el hombre que está casi muerto es valiente: accede a vivir entre tulipanes siendo una rama seca. Una hazaña.

“Pero no hay hazaña más inútil que la de vivir sin ganas. ¿Acaso existe un premio para todos aquellos que desean morir pero no se matan? ¿Una indemnización?” Se pregunta.

Se asombra. Se desvía. Vuelve.

“¿Por qué estoy tratando de convencerme de algo que estoy segura?”

Reflexiona. Es valiente.

NO.

ES COBARDE. Todos lo son.

“El optimismo es la nueva cobardía”.

Solo quiere dormir.

Llora.

“¡Yo no soy así de gris!”

Se topa con sus uñas: están largas, no hay pedacitos de piel despegada, ni manchas vino tinto, ni zonas inflamadas. Se emociona.

Mira su antebrazo izquierdo. Son heridas viejas, castigos merecidos que deben permanecer allí como recordatorio. Mueve su mano derecha y con la yema del dedo pulgar estira la piel del anular hacia abajo: “una uña larga”.

Despide a la reflexión y desliza la pequeña garra desde la muñeca hasta la mitad del antebrazo. Arde.

Llora.

Llora.

Llora.

El cuerpo comenzó a cicatrizar la herida y manda una sensación momentánea de alivio. Observa la mesa de noche. Un libro. Un libro increíble. Se relaja.

“Yo no me puedo matar sin haber terminado la trilogía de Stieg Larsson”.

lunes, 6 de febrero de 2012

Egoísta

“Todo encuentro casual es una cita” (no se a quien atribuirle esto)

Es tan egoísta suponer que tú aún lo haces, cuando yo apenas te pienso un instante cada temporada: cuando escucho un nombre parecido al tuyo o la zona en donde vives u otras pocas cosas.

Ahora sí pienso en ti. También, en que no quiero escribir; solo leer y leer y leer. Escondida. Fuera. Y que nadie me vea ni me busque. Pero que me extrañen. No me molestaría que fueras tú.

Escasamente te recuerdo. La nostalgia disminuyó hace mucho y lo que crece es la indiferencia… ya no logro evocar tu voz o tus manos o como me veías.


Veo tus fotos por casualidad. Aparecieron mientras buscaba las de alguien más.

Si esto fuera una cita, aprovecharía para hablarte de mí. Y de quién más, si fue nuestro interés común. Tuviste tan poca importancia en aquel entonces que me da vergüenza lo cordial que eres en tus mensajes neutros, tristes y tímidos, pero constantes: “Feliz cumpleaños, Mari”.

Si esto fuera una cita, empezaría presentándome. No me reconocerías. He cambiado. Mucho. Estoy segura que te encantaría la manera como soy ahora; me parezco a ti. Te hablaría de cómo convivo entre la espiritualidad y el egoísmo. Las frivolidades y la inteligencia que me atribuyo, sin merecer, ante los demás. Bastante falsa. En eso sigo igual.

Sé que te agradaría, porque ahora tenemos más temas que discutir y yo tomaría nuevas posiciones al argumentar. Religión: ahora me sabe a mierda, créeme. Te agradaría tanto, tanto, que me perdonarías las humillaciones y el sufrimiento. Me perdonarías: no sé si porque todavía me quieres o porque ya no lo haces.

Esto no es una cita. No intento agradarte y me importa poco si te vuelves a sentir los estragos de la cólera mientras te miro. Solo quería decirte que, aunque sean pocas las veces, aún te recuerdo.

domingo, 23 de octubre de 2011

Falso escrito

   Mastico al mismo ritmo que él lo hace. Parece distraído. No. Se ve falsamente distraído. Tomamos el vaso al mismo tiempo, y de nuevo lo bajamos al unísono. Ninguno de los dos bebió.   

-No he podido comer– le dije.

-Yo sé.

   Solté los cubiertos, apoyé los codos sobre la mesa. Con las palmas me sostuve la frente. Cerré los ojos. Tuve un momento de falsa tranquilidad. Me concentré en la ansiedad: en su sonido angustioso, que en realidad son mis latidos de corazón, en las palpitaciones de las venas a los costados de la cabeza y en lo placentero que se siente no ver nada. Santa oscuridad.

¡Despierta! Me dice la luz del comedor que esta sobre la mesa. Encandila mis parpados, y los ilumina con un reflejo naranja. Abro los ojos. Está revisando el teléfono. Hace un rato sonó y no contestó. Sonó y no lo tocó. Me mostró un falso desinterés, porque ahora sé que le interesa.

-No quiero más- le digo.

Me voy a acostar, y no lo siento venir. Ni mirarme. Quiero vomitar. Falso orgullo. Le muestro mi falso orgullo mientras un genuino miedo me convence de que se va ir. O ya se fue. 

O es un falso abandono o es un falso amor, pero ahí se queda.

miércoles, 29 de junio de 2011

¿Y si me reprograma esta noche?

¿Puedo vivir está noche en otra oportunidad? Es que en este momento no me viene bien. Verá, Señor Dios, tengo el corazón roto y no es apropiado que me obligue vivirla ahora. Lo que le pido es un tiempito para conseguir las ganas de luchar, que no recuerdo dónde están guardadas. Entienda que usted me está obligando a vivir está noche justamente cuando no encuentro esas ganas ¡Y vaya usted a saber dónde las he metido! Le confieso que no recuerdo cuando fue la última vez que las utilicé, o si se las dejé a alguien. No sé, no sé. Quizá el tiempo sea más largo de lo que pensé.

Para limpiar. Deme unos días para ordenar este desastre de vida  y así también encuentro el amor propio y, además, le hago mantenimiento a la esperanza. Vaya que está sucia la esperanza.

Yo sé que me entiende. Piense un instante, ¿de verdad quiere que viva esta noche, precisamente esta noche? ¿No le parece absurdo tener que vivir la noche de más dolorosa del despecho el mismo día que lo han dejado a uno? Por qué mejor no viene y nos juntamos un rato. Y detenemos el reloj. Y hablamos. Yo le hablo. Sin prisa.

Mi mayor pecado, como ya sabe, es no saber organizar mi tiempo. Fíjese, que entre tanta rompedera de corazón se me ha olvidado soñar. Sí, yo sé, no se moleste. Esa tareíta está pendiente. Tengo que volver a soñar. Tengo que volver a soñar, pero no se preocupe, los buenos hábitos no se olvidan.


Déjeme vivir está noche, cuando tenga más fuerzas. Me la deja pendiente para cuando yo recuperé las ganas, me ame otra vez y limpié la esperanza, y le prometo que se la vivo mejor.

jueves, 16 de junio de 2011

Vocación

Fue una tarea sencilla que tenía que hacer, pero me gustó vale...

-La televisión llegó a Venezuela en 1952. Llegó a un país triste, miedoso y, como siempre, poco desarrollado en materia tecnológica y social. Marcos Pérez Jiménez gobernaba para aquel entonces. –miró hacia un punto fijo en la pared, calló un instante y luego prosiguió con su discurso- Bastante irónico, la verdad, si ustedes me entienden.

Una muchacha levantó la mano, durante la pausa reflexiva que había realizado el profesor. Era un docente bastante joven, pero bastante culto. Le gustaba hacer largas pausas durante las explicaciones. Decía que había que darles a las muchachas tiempo para reflexionar sobre lo que se le enseñaba, para que pudieran debatir y criticar.
-Tienes la palabra.

-¿Cómo Pérez Jiménez permitió que llegará este medio a Venezuela si ni siquiera había libertad de expresión?

En el rostro del profesor se dibujó una leve sonrisa. Había logrado que su alumna, de no más de 15 años, realizara una pregunta muy astuta. Su técnica estaba funcionando.

-¡Por eso hablo de ironía! –afirmó moviendo las manos en señal de triunfo- Pero los totalitaristas no son bobos. Pérez Jiménez controlaba todo lo que salía y entraba al país, y hubiese podido controlar la televisión de haber actuado con más astucia.  De un momento a otro, avisó que llegaba la televisión y los más pudientes adquirieron el aparato…

-¡En blanco y negro esa vaina! –interrumpió una alumna cruzando los pies encima de la tabla del pupitre.

Después del comentario, comenzó a formarse un bullicio entre las muchachas. El profesor intentó retomar el control de la clase alzando la voz y dirigiéndose a ellas en un tono más informal:

-Sí, ¡Y Pérez Jiménez no era pendejo! – gritó.

Algunas se mostraron sorprendidas y emitieron una pequeña carcajada. Las otras, inmersas en sus conversaciones exaltadas y movimientos intranquilos, hace rato que habían perdido el interés en el discurso. Inmediatamente el profesor retomó la materia:

-La primera estación fue La Televisora Nacional y emitió señal por primera vez el 22 de noviembre de 1952. Fue creada por el gobierno, como era de esperarse, y pensaba usarla a su favor. Pero cometieron una venezolana –las cuatro chicas de la primera fila volvieron a reír y el resto mantenía charlas ruidosas- El mismo día de la transmisión, la señal cayó. El proyecto se detuvo, y esta pausa le permitió a las empresas privadas ver una nueva posibilidad de negocio.

Las cuatro chicas del frente lo miraron entretenidas, mientras las 40 restantes se mostraban impacientes y empezaban a gritar “¡Diez y media! ¡Oficial, Diez y media!”. El profesor, valiéndose amparándose en el entusiasmo de las primeras chicas, continuó:

-Y bueno, como saben, en 1953 sale Pérez Jiménez del poder y los venezolanos estaban deseosos de poner en práctica la libertad de expresión que le habían quitado. Piensen ustedes mismas si no iba a ser un éxito de negocio.

En ese momento, la oficial se acercó y le indicó que el tiempo había finalizado. Abrió la reja y las muchachas comenzaron a salir, ansiosas, en fila. Algunas, como de costumbre, le dijeron comentarios atrevidos al docente tocándose el cuerpo y carcajeándose al final. Él las miró con desconsuelo y luego se fijó en las cuatro adolescentes que habían estado en la primera fila. Se despidieron con un gesto sencillo y siguieron su camino junto con las otras. La oficial se le preguntó:

-¿Va a seguir trabajando aquí licenciado o va a aceptar el trabajo en el Norte? Es que arriba me mandaron a llamarlo.

-No- Continuó mirando como se alejaban las cuatro muchachas- Dile que estén tranquilos, que yo me quedo.

martes, 7 de junio de 2011

Invisible

Cuando empecé a sentir que me desvanecía, me levanté. Nadie pareció notar que me iba. Pasé detrás de las sillas y caminé por el pasillo. Solo. Iluminado, pero solo. Aumentó la presión sanguínea, lo sé, pero yo sentí que mis partículas, mi composición, desaparecían. Y que mi cuerpo se me iba. Y que yo me quedaba sola, conmigo, vagando, sin cuerpo y sin posibilidad de regresar.

Necesitaba que me vieran, pero no encontraba a nadie. Vi a un par de desconocidos, pero no se inmutaron en mi presencia. Continuaron hablando, como si nada pasó. Como si nadie pasó. Como si el viento pasó y ya.

Tenía un nudo en la garganta, uno hecho de cuerdas de fibras gruesas y astilladas que me producían ganas de vomitar. ¿Y cómo me voy a mi casa con la camisa llena de vomito? Atravesé los jardines empapados de la lluvia anterior y caminé por las canchas de tenis. Oscuras y llenas de mosquitos.

La luz se reflectó en mi cara, vi a un par de conocidos. No me saludaron, no sé si me vieron. Ya estaba llorando. Continué mi camino. Empecé a gritar, a morderme los puños y a preguntar por qué. 

El flujo de las personas aumentó. El camino se volvió turbio, ajetreado y concurrido. La gente caminaba a mis lados, sin notarme. Llegué a la plaza. Escuché la música y un perro tropezó conmigo. O aquello me pareció, porque no llegó a tocarme y se devolvió sin siquiera dedicarme un ladrido.

Las lágrimas quemaban mi rostro como si estuviesen hechas de aceite hirviendo. De aceite sucio, usado, que provenía de mi alma y que nunca podría limpiarse. Lleno de residuos negros, rugosos e infinitos. Aceite, pero nadie parecía notarlo.

Ni siquiera los carros llegaron a estar cerca de mí. Ni las motos, con su desespero. Me habían dado una pasarela de pavimento, y yo caminaba en ella, sin público, sin prisas, sin aplausos, sin vida. Volví a morderme los puños, o mejor dicho, el dedo índice de mi mano derecha mientras la colocaba en forma de puño en mi boca.

Los torniquetes del metro se vieron vacios. Yo pasé por otra puerta: la de los imposibilitados, la del personal operativo, la de los invisibles; pero ni siquiera ella pareció recibirme. Entré como quien lo hace por casualidad, aprovechando la oportunidad, sin ser invitado. Callada. Marchita.

Comencé a creer que no existía, y efectivamente no existía. Entré al vagón sin ningún rose, me senté en un puesto que permanecía vacío desde el viaje anterior. Como si me hubiese estado esperando, porque él también era invisible.

Me coloqué el bolso en el pecho y las piernas en posición fetal. Los murmullos de los pasajeros ahogaban mi respiración agitada, agitada apropósito. Entonces la aumenté. Entonces nadie escuchó. Y ya cansada de rogar, permití que los fluidos se dispararan, sin importar si el vomito se colaba entre ellos. Quería compasión, pero nada. No salió nada. Ni el vomito, ni la compasión, ni la vida. Ni yo. No existo. Soy invisible.

martes, 12 de abril de 2011

El cielo


Respira cerca de mis labios, mi amor, que eres pulcritud. Escribir sobre ti es recuperar la fe. Levanta tu camisa, quiero tu suavidad, como me encanta tocarte. Te regalo mi vida ¿Te la doy cuándo despiertes o la incluyo en tus sueños? Duermes mucho ¿Sabías?, Si, si sabes. Sabes a paz. Tu respiración se siente como la brisa, como el cielo. Luz natural con agua fría, brisa húmeda y arena mojada. Silencio, muy oportuno… Y a veces tu voz es la de Dios.

viernes, 14 de enero de 2011

No hacen falta dedicatorias

Amiga



¡Qué cara tienes amiga! ¿No has dormido nada? Si, se nota mucho jaja. Sí, yo también ando estresada. No vale, lo de la universidad lo entregué todo en diciembre, es otra cosa. Eso mismo. Bueno tú sabes por qué, tú lo conoces… Sí, estoy saliendo con otro muchacho ¡Más bello por cierto! Pero no, no fue por él. Tú sabes por qué vale, tú lo conoces… Espérame aquí.


Te traje una Coca Cola. De nada. ¿Tú ya no fumas cierto? ¡Qué bueno! No, no, el sigue fumando. Allá él. Sí, bueno nos hemos visto un par de veces, lo conocí hace unas semanas. Me lo presentó mi hermana. Es político, de lanzar piedras el 11 de abril. Si, perfecto, lo malo es que no es cariñoso… ¡Hola! ¡Feliz año! ¿Ya llegó la profesora? Vale, ya voy.


¿Qué te estaba diciendo? Aja. Bueno chama, es que ya no puedo vivir para él. Si bueno, nos hemos visto varias veces, tú sabes que no lo puedo dejar solo. Coño, pero imagínate, yo he logrado que se vuelva a encarrilar, si me alejo de él va volver a su vida destructiva. Tienes razón, me comporto como su mamá. Por cierto, a su mamá ayer le dio un ataque epiléptico. Temblaba horrible. Es que con el peo de Chávez no se consiguen las pastillas que ella necesita. Él estaba en la Guaira y la hermana en la universidad, tuve que ir yo a atenderla. Es un desconsiderado, fíjate que llegó en la noche, y no solo tardísimo, si no que llegó reganándome por haber ido.


Ok, pero escúchame un minuto. Escúchame un minuto, amiga. ¡No vale no digas eso! Él no es así… ¿Sabes cuál es su problema? Que no sabe manejar las situaciones. Como cuando se murió mi tía. Él la quería mucho, eso me consta, pero cuando le pedí que me acompañara, le entró el pánico y se fue para la playa con unos amigos. Puede ser, pero no es por egoísta, amiga, tú no lo conoces… No me grites, que voy a llorar. Gracias. Gracias. Está súper bonito este pañuelo ¿Lo compraste en Disney?


Bueno, ¿Y cómo te fue por allá? No, no te estoy cambiando el tema. Quizás tengas razón. Me acuerdo cuando le pedí que me llevara a un concurso súper importante en el que estaba. Ah, si yo te había contado. ¿Sabes lo que hizo? Estuvo todo el dia conmigo en mi casa y media hora antes del evento dijo que se tenía que ir, que no me podía llevar, que tenía un trabajo pendiente para mañana. Tuve que salir de mi casa a las nueve de la noche, vestida como una barbie, e irme en metro. Al rato me enteré que había un Caracas-Magallanes. Él me dijo que no quiso acompañarme porque le daba celos que otros me vieran modelar. Ay amiga, no se que pensar…


Es verdad, eso es lo que necesito. Aunque, bueno, estar con este otro muchacho es como estar sola. Es que él está muy ocupado ¿Te dije que era político? No amiga, es que soltera no puedo estar. Yo creo que necesito tener un hombre a mi lado para ser feliz.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Sopa de gallina

Avakiano, toma:

El recuerdo más perturbador de mi infancia es el momento en el que mi madre me enseñó la receta de la sopa de gallina. Ese día me levanté mucho más temprano que de costumbre, sin hacer ningún ruido porque mi hermano seguía durmiendo. Los gallos habían cantado y en el hato la gente ya estaba trabajando. Mi mamá era cocinera y mi papá arreaba el ganado. Vivíamos los cuatro en un pequeño anexo dentro de las instalaciones. Como dije, me levanté y me dirigí hacia la casa principal, buscando a mamá. Al llegar, me detuve en la puerta.
La vi flexionada, intentando atrapar a una gallina que revoloteaba por la cocina. Ver a mamá correteando detrás de un animal mucho más pequeño que ella me causó bastante gracia, comencé a reír. Por fin la atrapó. En cuestión de segundos, la colocó entre sus piernas y tomó el cuello del animal con ambas manos. Lo retorció de un movimiento apresurado y le arrancó la cabeza. Permanecí inmóvil en el marco de la puerta y comencé a llorar desesperadamente. Mi mamá colocó al animal en el fregadero y empezó a llenar un tobo de agua caliente. Viendo cómo aún se movía, intenté rescatarlo. Al verme, ella me detuvo: “Ya está muerto”, me dijo.

Anonadada, me senté en una esquina mientras secaba mis ojos con ambas manos. Cuando pensé que todo había culminado, mi mamá volvió a tomar el cuerpo del animal y lo sumergió dentro del tobo de agua. Permanecí de nuevo inmóvil. Ella encendió el radio, comenzó a cantar mientras limpiaba la sangre que habia salpicado en el mesón. Yo veía el humo que salía del tobo y continuaba sollozando. Después de algunos minutos, tomó el cadáver y lo guindó de las vigas del techo, con un pequeño mecate que lo sostenía por las patas. Me sentía confundida, ¿Por qué le había hecho eso a la gallina? ¿Tanto le había molestado que hubiera entrado en su cocina?

La música sonaba más fuerte. Mi mamá comenzó a despellejar al animal. Yo bajé la mirada y observé cómo las plumas escurridas caían a sus pies. Se detuvo. De nuevo, parecía que todo había terminado. Pero antes de poder afirmarlo, ella tomó un cuchillo y despedazó el cuerpo del animal. Chorros de sangre y pedazos de piel se acumulaban en el mesón de la cocina. Yo seguía confundida. No podía moverme, no podía pararme de aquella esquina sin recibir alguna explicación.

Mi madre volteó hacia a mí y me observó sentada temblorosa, con las rodillas en mi pecho, bordeadas por mis brazos. Soltó el cuchillo, se limpió las manos en el delantal y se acercó. Tenía miedo, pensé que también se había molestado conmigo por haber entrado a su cocina. Ella simplemente se acercó, tomó mis manos y me dijo: “Cuando seas grande, también haras la mejor sopa de gallina de todas”.


jueves, 4 de noviembre de 2010

Desesperación

Escena uno: La propuesta

La protagonista entra arrastrándose por el suelo y pronuncia su única línea:



¡LL(AMAME)!



Escena dos: Flashback


Voces dispersas susurran:  "Ayer te quedaste conmigo a pesar de que morías de sueño…Esas son las cosas que me gustan de ti".




Escena tres: El silencio de Pablo Neruda


"He aquí que el silencio fue integrado

por el total de la palabra humana,

y no hablar es morir entre los seres:

se hace lenguaje hasta la cabellera,

habla la boca sin mover los labios,

los ojos de repente son palabras...



...Yo tomo la palabra y la recorro

como si fuera sólo forma humana,

me embelesan sus líneas

y navego en cada resonancia del idioma..."






Escena cuatro: Monologo final


"Bienaventurados aquellos que no esperan nada, porque nunca serán defraudados".

FIN.

lunes, 25 de octubre de 2010

La casa de la modelo

Hice éste breve relato en mi clase de Taller de Redacción I porque tenía que crear una historia donde los objetos fuesen capaces de hablar por sí mismos. Es una propuesta tan interesante y fantástica como el cuento de Mario Benedetti en el cual nos inspiramos: “Para objetos solamente”. Léanlo.

Gracias, Dios Benedetti.


Había, al menos, 25 gorros de ducha sin utilizar, guardados en un recipiente plástico sobre el lado derecho del lavamanos. También, un peine negro fino, un peine de madera, un cepillo grande, un cepillo de rosca, un cepillo de hebras finas y uno de hebras más gruesas, atados juntos con un cordón. Si se revisara la primera gaveta, se encontraría un tubo de crema a base de queratina, tres cajas de ampollas contra la alopecia y un tratamiento de cuidados intensivos para el cabello. En la siguiente, una plancha con placas de cerámica tamaño regular, un secador viajero, un secador profesional y una plancha tan diminuta como para llevarla en la cartera, todos con los cables enrollados como si tuvieran mucho tiempo sin usarse. Del lado izquierdo del lavamanos, estaba un cepillo de dientes y un envase lleno de pinzas plateadas con una crema de peinar encima.

En el espejo que estaba sobre el mesón, se reflejaba un calendario con los primeros tres días del mes de octubre tachados y la palabra “LISTO” escrita en el recuadro del día 31. Debajo del almanaque, el cesto de ropa sucia integrado únicamente por pijamas, ropa interior y toallas con manchas de vomito. A su lado, una bañera con centenares de cabellos amontonados en el desagüe y un champú y acondicionador casi llenos. Después, la poceta, sucia, manchada y atascada con una mezcla de excremento, sangre y vomito. Había una papelera entre el lavamanos y la poceta. Contenía pedazos de papel higiénico usado y bolas de cabello negro. El piso del baño tenía pequeños charcos de agua negra, como barro, y chiripas que se reparten entre suelo, techo y paredes.

Al abrir la puerta, se apreciaba un pasillo que conecta al baño con la habitación principal. Un cuarto de paredes blancas cubiertas por afiches de modelos y un gran espejo frente a la cama. A uno de los lados se la cama, se encontraba un enorme closet abierto atiborrado de ropa, zapatos y accesorios. Al otro lado, un mueble marrón de cinco gavetas. Sobre este, fotos enmarcadas de una muchacha cabello negro, largo y sedoso posando en la playa, en la pasarela y en muchos otros paisajes. Junto a él, un escritorio de madera con una lámpara encendida alumbrando hacia varias hojas. Eran cuatro hojas puestas una sobre otra, en la primera se podía leer: “Especificaciones del tratamiento quimioterapéutico”.

jueves, 21 de octubre de 2010

¿Qué habrá sido de mi mamá?

-¡Vecino! tenemos una vecina nueva, vamos a darle la bienvenida- dijo la señora Catalina mientras yo colocaba una nueva alfombra frente mi puerta.


No respondí. Mi vecina continuó hablando, así que lancé la alfombra al suelo y entré a mi apartamento dando un portazo. Afuera se oían sus maldiciones. No me importan. Me senté en el sofá frente al balcón, encendí un cigarrillo y contemplé desde la ventana a mi vecina nueva. Por supuesto que la conocía, era mi hermana.

Hace años, muchos, que las había dejado solas. La última noche que las vi, encontré a mi madre tirada en el mueble, maloliente, borracha y desaliñada con un hombre maduro manoseándole la entrepierna. Provocó tanta repulsión en mí, que la escupí en la cara y la maldije llorando. Me marché sin cerrar la puerta y cuando tuve el valor de voltear, vi a mi hermana, enmudecida mirándome. La recuerdo pequeñita, frágil y sumamente delgada, casi desnutrida, con el cabello enredado y con golpes en la cara. Por un momento estuve tentado de llevarla conmigo y alejarla de ese mundo de prostitución que le esperaba. Obviamente no lo hice, y todavía me arrepiento de ello.

Habían pasado algunas horas y yo seguía mirándola. Ahora estaba sentada en el piso, desempacando platos, vasos y cubiertos y colocándolos en un estante marrón. Podía ver todo lo que hacía, hasta podía leer sus labios mientras cantaba. Pude observar que su puerta principal estaba abierta y me dispuse a bajar. El ascensor no funcionaba, tuve que descender por las escaleras. Cada escalón me creaba una nueva expectativa: ¿Qué estaría haciendo? ¿Se habrá graduado? Para vivir aquí hay que tener plata, mucha, pensé. También deduje que no estaba casada porque no he visto a ningún hombre con ella ¿La mantendría algún mafioso? ¿Me reconocerá? ¿Qué habrá sido de mi mamá?

Cuando llegué me detuve frente al arco de la puerta. Se encontraba de espalda a mí, todavía ordenando algunas cosas. No hice ningún ruido y decidí esperar a que volteara. Permanecí inmóvil, con el corazón acelerado y sin poder controlar el temblor de mis rodillas. Se levantó por fin, cerró las cortinas de la ventana y se dirigió hacia la puerta. Me vio. Nos miramos por al menos 10 segundos fijamente. Luego, se acercó a mí y me habló:

-¿En qué puedo ayudarte?

-¿Sabes quién soy?

-No, disculpa.

-Soy tu vecino del edificio del frente, mucho gusto.

miércoles, 20 de octubre de 2010

venticuatrodeagostodedosmildiez

Esto tiene fecha de 24/08/10 y creo que no hacen falta más explicaciones. Lo acabó de encontrar en la memoria de mi computadora... y me gustó.

Nunca pensé que llegaría a esconderme para escribir. Amo escribir en un teclado. Mi depresión, poco a poco, está mejorando. Estoy sanando tranquilita, sin apuros, porque no tengo nada más que hacer. Abandoné (momentáneamente) el internet, el celular y el amor. He visto Volver como 6 veces, adoro a Penélope Cruz y esta película. También Glee.

Escondida también, me metí en mi blog: 150 visitas. Eso es como… 3 vistas más desde que me fui. Mi último cuento, Catarsis, no tuvo éxito (y no es que los otros sí, pero yo me entiendo) Le escribí algo bonito a Paya. Hace unas horas me dijo que mis cuentos “no le parecieron la gran vaina”. Coño.

Que bien me siento escribiendo

Estoy viendo (televisor prendido en mute) una película mala y vieja, donde aparece Kate Hudson. Pensé que me iba a gustar, pero es basura. La música me gusta. Es de un chamito de 15 años – ¡AY! ¡Me picó un bachaco!- Perdí la noción de la vaina.

Cada vez que me pasa algo que me revela lo cliché que soy, escucho la voz de Andrea diciendo: “predecible, predecible” en un tono que no es el de ella, pero es bastante molesto. No, no quiero hablar/escribir sobre mi depresión. Mañana voy al internista. Debo ser anémica, tener baja las plaquetas o algo, porque que esta debilidad es una ladilla. Por cierto, he estado (a excepción de los días fatales) comiendo mucho mejor. Urra por esta mami rica.

Volví a echarle un vistazo a uno de mis libros de autoayuda favoritos, uno que mi mama me regalo hace dos años (Sé que odian los libros de autoayuda y no me importa).

Odio no tener ñ en este teclado.

No me acordaba lo de pinga y poco pretencioso que es ese libro. La sencillez funciona, a veces no… Me acordé de Marelisa Gibson. Ella… no, no es simple, ni humilde. No sé porque la gente se sorprendió cuando no clasifico entre las 15 finalistas, la caraja no es tan bonita (e iba sobradísima) y, hablando claro, tenemos 2 coronas consecutivas… Pero, ¿Quién soy yo para criticarla? Hoy la bomba se la comió viva (Guilty pleassure)

Antes dije que era cliché, porque volví a leerme un libro que me encanta: Unisex. Carlos Flores. De la, PUTA COLECCIÓN QUE NO CONSIGO NI EN LA CHINA, de Leonardo Padrón: Llámalo amor, si quieres. Yo soy Carlitos, el gordito inconforme con baja autoestima, pero interesante, con bastante labia y creatividad, su amiga Adriana que se define como “la puta-bisexual-periquera”, su (ni tan) tonta novia Mónica y la leona. Jamás soy sus amigos Pipo y el otro de nombre extraño, ni las chamitas del CSI, ni la loca del blog que le dijo gordo, ni el amigo maricocloset, ni la puta triste, ni la de ratónmoral que sale al principio ni, mucho menos, la lindura de Kerly.

Yo pensaba que era única (como todos los demás, jaja) pero soy más cliché que corrupto en gobierno. Soy tan ese libro en algunos aspectos que no sé si me gusta identificarme con él o me desespera hacerlo. Escribir todo esto es medio spoiler (Andreatalking) pero…

También le metí (le meto) a la filosofía. A mi (nuestro) amado Savater. Las preguntas de la vida, o las respuestas más obvias del mundo pero que nadie obtiene porque no se detiene a pensar. Este tipo me gusta y adoro cuando se refiere a mí (o a ti) como “querido lector”. También me encanta la practicidad con la que escribió los textos para Amador. Es un cerebrito bañado en miel. Eso es.

Una vaina rara de estos (interminables) días de crisis, es que la Coca Cola me sabe simple y el Nestea me sabe a gloria. Esto me duele porque extraño como la Coca Cola me hacía sentir. Ni siquiera el Nestea, tan delicioso, acido y frio, me hace sentir como la Coca Cola lo hacía. El Nestea siempre fue mi resuelve, pero nunca mi legal. Jamás. Amo tanto a la Coca Cola, que recuerdo una vez que vi una camisa, arrechísima, de una publicidad cincuentera de Pepsicola y no me la compré porque lo sentí como traición. Era bien bonita y escotada y no me arrepiento.

Hoy payita y yo fuimos al psiquiátrico. Triste. El seguro social, como casi toda vaina aquí, está en terribles condiciones. No hay medicamentos suficientes, ni aire acondicionado y todos los pasillos huelen a orine, y que yo sepa, el único lugar que debe oler a orine es un estadio. Así que, Chávez, corruptos y otros implicados: ¡Respeten!

Mierda, llevo que si dos horas escribiendo (con dolor de cabeza, ya voy a parar mamá) y todavía la película sigue… Ni el Paciente Ingles. Acabo de prender mi celular, y (JAJAJA) no tengo ni un mensaje ¿Así de nula? #Buldae’gafa. Ese sería el hashtag que utilizaría en Twitter. Lo extraño. Por ejemplo, lo utilizaría para contar como mi torpeza y descuido habitual me hicieron guardar, hace unos días, un chocolate derretido y… bueno fue así:

Abro la nevera…

¡Woho! Chocolate rico rico rico. Veré Betty la fea comiendo chocolatito con el dedo.

Camino, camino, camino… Me acuesto, me arropo…. Suspiro… Abro el frasco y huele horrible. Leo en la tapa “TODO AJO”. Me llevo la tapa a la nariz y aspiro… vuelvo a aspirar… Suelto la tapa. Tomo el pote, introduzco mi dedo índice y lo chupo con miedo…

¡Coño de la madre, esto sabe a puro ajo!

Tuve que botar el Chocolate entero (Y el perol también, ¡PA QUE SEA SERIO!) Conclusión: Quise tuitear lo que me paso y no pude.

Le estoy mandando un mensaje a Andreita. Cierto, se le cayó el BB a la poceta y esta incomunicada. Hoy escuché el nuevo CD de Caramelos de Cianuro y, de panita y todo, no me gustó. Prefiero recordar la voz de Asier gritando ninfomaníaca y explicando que pasa cuando cuenta una a una las estrellas. No las oiré más, no innovo en lo absoluto. Sanitarios, el ultimo Polvo, las Estrellas, Ninfomaníaca: Eso si es pasión. Para compensar, escuché todo el dia a Miguel Bose. Lo amo.

Qué alivio poder escribir de nuevo. He tenido ideas para cuentos… pero los postergare. Capaz empiece un diario virtual. Capaz lo publique. Capaz publique esto. A dormir.

MARIELISA

martes, 14 de septiembre de 2010

Trascendental

Hace tanto tiempo… depende de cómo se mida. El tiempo se siente, no se cuenta.
Para Maryene, mi madre:
Eres mío. Eres mío y lo sabes. Eres mío y lo niegas. Pero no te equivoques, allí estoy yo, vigilante. No has tenido la necesidad de mirar hacia atrás porque cada vez que te caes te sostengo, evitando tu descenso. Mirando tu manera de actuar, mirando tu vida como si hubiera colocado una cámara sobre tu hombro.
Observo cuando te arrepientes y quieres volver. Tú también lo haces. Me miras con tus diminutos ojos y, sin hablar, me preguntas si vale la pena. Siempre te respondo, aunque ambos sepamos la respuesta. Debo seguirte para que no te vayas. Te sigo porque quiero sentirte respirar, y no me permites caminar a tu lado, aunque digas lo contrario.
Igual eres mío. Siempre lo serás. No son palabras ególatras, eres mío porque no puedo borrarte de mis psiquis, no puedo dejar de soñarte. Eres mío porque yo quiero, porque en mis sueños me lo recitas… y yo vivo de ellos. Eres mito. Eres el mito del amor imposible. Eres la personificación de mi remordimiento, eres el recuerdo de lo que perdimos, eres el destino cobrándome mis deudas. Eres mío, porque todo esto que te digo, lo cree yo, no tú. Eres mío.